lunes, 17 de agosto de 2009

Subir a la montaña

No he podido alejar de mi pensamiento al muchacho que cuelga de una montaña con un brazo y una pierna rotos, al que "han dejado a su suerte" debido al mal tiempo...

En la prensa digital, he leído todo tipo de comentarios que van desde las cálidas palabras de ánimo hasta el típico "él se lo buscó"... la verdad es que los que no practicamos deportes de montaña (o ningún deporte) ni entendemos ni valoramos los esfuerzos físicos de estos deportistas cuyo objetivo es culminar sus proyectos, aún a costa de sus vidas.

El mal tiempo ha intimidado a los que le iban a rescatar y no quieren jugarse su vida, porque piensan en sus familias (no quieren morir, por ir a rescatar un cadáver). Mientras, este pobre muchacho lleva diez días de sufrimiento y de extremo dolor, de soledad, frío, hambre... y sí, tal vez ya esté muerto...

Desde mi fe, yo sé que Jesús está sufriendo con él en esa montaña. Desde mi fe, rezo porque ese muchacho tenga la oportunidad de revisar su vida, arrepentirse de sus pecados... y de disfrutar del cielo, si Jesús le lleva Consigo.

Subir a la montaña... ¿No fue Moisés quien subió a una para hablar con Dios y recibir de Él los Mandamientos?... ¿No subió Jesús al monte para hablarnos de las Bienaventuranzas? ¿No subió también Él con la cruz al Gólgota?

Sí, puede haber mal tiempo... lo que realmente no nos gusta es que ese camino es cuesta arriba, y por una zona muy difícil... lo que realmente no queremos es encontrarnos con nuestros miedos (¿Y si llegamos y está muerto? ¿De qué nos habrá servido?)

Subir a la montaña... todo requiere esfuerzos, sacrificios... porque de esta forma los que subieron un día con Jesús al Tabor lo vieron transfigurarse. El premio está en la cima... y estoy segura que las vistas desde allá arriba son de las que hacen que nos planteemos la utilidad de la violencia, del egoísmo, de la soberbia y de tantas cosas que sólo afean el mundo en el que vivimos.