Ayer tuve en mis manos el número de agosto-septiembre de la revista Ciudad Nueva, a la que un sacerdote claretiano y focolar me suscribió hace ya muchos años. El número está muy interesante, aunque me llamó la atención un artículo titulado "También yo estaba en el Titanic" de Juanfran Restello (?). Y me gustó tanto su lectura porque, de alguna forma, trató el tema de la Comunión de los Santos, un tema del que rara vez he podido escuchar hablar a algún sacerdote.
La cuestión versaba sobre si una oración hecha en el futuro podía repercutir en el pasado, y la respuesta era afirmativa porque "En Él (en Dios Padre) están el pasado, el presente y el futuro. Quien vive en la unidad como Cristo la entiende, (...) vive en una dimensión de eternidad o de "tempiternidad", porque vive en Dios, y en Él están todas las cosas y todos los acontecimientos."
Continúa el artículo haciendo mención a una amiga del sacerdote (autor de las anteriores palabras): "Mira lo que decía una querida amiga mía en su diario: "cuántas veces he pensado que debo las gracias de que he sido colmada a la oración de un alma pequeña, a la que conoceré cuando llegue al cielo." " La autora es Santa Teresa de Lisieux...
Este sacerdote fallece recordando que Léon Bloy tiene un párrafo interesante, aunque no encuentra el libro. Tiempo después el joven de la historia encuentra el siguiente texto:
"La comunión de los santos, antídoto o contrapartida de la dispersión de Babel, atestigua una solidaridad humana tan divina, tan maravillosa, que es imposible para el ser humano no responder por todos los demás, sea cual sea el tiempo en el que viva, sea cual sea el tiempo en el que haya vivido, y sea cual sea el tiempo en el que esté llamado a vivir. El más pequeño de nuestos actos resuena en una profundidad infinita y hace que todos salten de alegría, vivos o muertos" (Léon Bloy).
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Yo sólo puedo dar las gracias a la oración de esa alma que provocó mi conversión y mi encuentro con el Señor Jesús Resucitado. Que me abrió los ojos para verlo presente en la Eucaristía.
Que mi oración, Señor, pueda serte útil para los que más la necesitan.
Y gracias también Señor, por el sacerdote que me acercó a esta revista, que me da tantos motivos para orar cada mes.