Ocurrió hace algo más de un año. Era la primera vez que acudía a la Catedral para la celebración del Corpus Christi y fui con mi familia. El día estaba amenazando lluvia y cómo no, llovió poco antes de comenzar la procesión ¡y de qué forma! Por lo que el Obispo, en primer lugar nos consoló a los asistentes, y luego procedió a celebrar la procesión en el interior de la Catedral. Fue muy íntima, aunque la Catedral estaba llena de gente. Al pasar el trono, le dije a mi hija que se arrodillara porque "pasaba el Señor", y mi hija en vez de hacerme caso, se puso a mirar por todos lados y a preguntar "¿en dónde?".
Al llegar al coche, mi hija volvió a preguntar. Aquella noche, mi coche iba lleno, y yo me senté en tercera fila, detrás de mi hija, y esto me dio pie para explicar el Misterio de la Eucaristía a mi hija, de tres años: "¿Ves a mamá?" "no" "¿mamá está en el coche?" "sí" "¿y como lo sabes? porque no me ves" ella no sabía qué responder (claro, tenía 3 años) entonces yo le dije "lo sabes porque crees en mi palabra, y mamá no dice mentiras, ¿verdad?" "sí" "pues de la misma forma que crees que mamá está en el coche, debes creer que Jesús está en la Hostia aunque no le veas, porque Él tampoco dice mentiras y nos dijo que se iba al cielo aunque siempre le tendríamos en la comunión" Mi hija se quedó callada, pensando... Ahora, cada vez que entramos en la Iglesia que sea, me acerco con mi hija a saludar a Jesús, presente en el Sagrario "y disfrazado de pan"... y lo mismo al salir.
Pienso que es así, desde pequeñitos como hay que ir abriendo los ojos a la Presencia del Señor en la Eucaristía: "el arbolito se endereza desde chiquito".