Querido Ángel:
Hoy cumples siete años de gozo en el seno del Padre. Aún recuerdo el camino al hospital... la luna estaba tan afiladita que semejaba una cuna... no podía parar de pensar en la canción de Mecano "hijo de la luna". Algo me decía, por el frío que sentía... un frío tan extraño, que tu alma ya no estaba en tu cuerpo. Y así era. La ecografía no recogió el latido cardiaco y se programó un legrado para la una de la mañana.
El tiempo que estuve esperando, papá y mamá rezamos por ti un Padre nuestro, y con nuestras manos sobre mi vientre, nos despedimos de ti.
Meses después, te acompañó Jeremías...
Hoy, 9 de agosto, soy consciente del regalo que Papá Dios me dio hace justo un año, cuando me explicó con más profundidad lo que es la Comunión de los Santos. Creo que aquel regalo, cerró mis heridas, y calmó mi tristeza desde entonces, porque sé que estando ustedes en el Cielo, en el mismo Corazón de Dios, en cierta forma, que yo no sé explicar, al recibir la Comunión no sólo entra Jesús en mi corazón, sino también ustedes, y de esta forma, vuelven a estar con mamá, que nunca les dejará de amar... y también con papá, que aunque es muy reservado con estos temas, seguro que también les puede sentir.
Y no es que yo sea santa (trabajo para ello) pero Dios no nos ha separado para siempre. Si ustedes en el Cielo pueden rezar por los de la tierra, y nosotros aquí podemos rezar por los que están a las puertas del Cielo, estamos unidos por el amor. Y si Dios es el AMOR, y si lo recibimos a Él en la comunión... estoy segura que Él de alguna forma nos reúne en su Corazón.
Buenas noches, Ángel. Buenas noches, Jeremías.
Nos vemos en el Cielo.
Mamá.