Dentro de dos días, será la víspera de la festividad de Todos los Santos.
Antiguamente, se celebraba la fiesta de los "finados" (finaos, coloquialmente), era una fiesta que reunía a las familias para recordar a sus difuntos y en la que se contaban anécdotas que mantenían vivo en el recuerdo a los que ya no estaban.
También, pasaban por las calles los denominados ranchos de ánimas, que cantando canciones iban recaudando dinero para ofrecer misas por las almas de los difuntos (las ánimas del purgatorio).
Esta tradición era muy popular en los pueblos, y con el éxodo a las ciudades se fue abandonando, y perdiéndose.
Ahora queda la tradición de "visitar" a nuestros finaos en el cementerio y llevarles flores, y oir Misa por ellos... bueno, si eres creyente.
Mis recuerdos de los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre con respecto a este tema son a mi madre encendiendo "lamparitas" (velas anchas y cortas, con una base de corcho) que flotaban en una hondilla de cristal llena de agua y aceite: una por cada difunto de la familia... y también dejó de hacerlo (no sé si porque ya no encontraba las lamparillas o porque el número de finaos de la familia ya era muy grande y la hondilla se había hecho chica).
Eran (y son) días de comer castañas asadas (o guisadas en agua de matalahúva, al gusto), almendras y nueces recién peladas. Días de comprar en las dulcerías huesitos de santo, buñuelos, matrimonios (en Cataluña, se llaman panellets), truchas de batata o de cabello (al gusto) y de comerlos en familia... tristemente sin escuchar las historias de nuestros abuelos y antepasados, y perdiendo así la riqueza que la herencia de la familia nos deja: las raíces.
Y llegan los norteamericanos y nos traen una calabaza con una vela dentro, historias de brujas y vampiros, de hombres sin cabeza montados a caballo... y todo reunido en una fiesta en la que la gente se disfraza y va de casa en casa pidiendo golosinas a cambio de no hacerle a la puerta, cristales o fachada alguna bromita de mal gusto (truco o trato).
Vamos, una fiesta de los más "bonita".
Hemos perdido la fiesta de la Víspera de Todos los Santos y hemos abrazado la fiesta del Día de las Brujas (o Hallowen).
Les enlazo a un artículo del P. Jordy Rivero que nos explica de primera mano a lo que lleva esta fiesta americana: léelo aquí.
Personalmente, me quedo con la tradición. No por anticuada. No por pueblerina. No por beatona. Sino porque considero que el testimonio que nos pueden dar los SANTOS es mucho más enriquecedor que el que nos puede dejar una fiesta totalmente paganizada. Y porque recordar con cariño a los que ya no están, sirve para mantener la memoria familiar y fortalecer los lazos que nos unen... y también con ellos.
Noelia.