Ayer lunes, comenzamos las catequesis con una celebración que preparó el párroco, basada en el DOMUND. Como no sabía nada, me fui a casa de mi madre a buscar la guitarra de mi hermano, porque estaba previsto cantar con los niños y con los padres y mejor con guitarra que a capella.
La celebración, un poco larga, porque aunque disponíamos de esquema, cuando al sacerdote el cuerpo le pide púlpito, puede alargarse mucho.
Pude comprobar con mucha tristeza que la base religiosa de casi todos los niños es escasita... claro que ellos no tienen la culpa, es lo que "maman" en sus casas.
Tuvimos tres momentos especiales: la adoración de la Palabra (besando la Biblia), la adoración de la Cruz (tocándola) y la entrega de la Luz (dándoles una vela encendida) y los niños "no sabían estar". Besaron la Biblia, sin reverencia, tomándoselo a risa (puedo entender que por lo novedoso, el corte preadolescente...) Con la Cruz, otro tanto, al llegar, la tocaban dándole la espalda. Es decir, cuando llegaban se giraban para irse y en eso extendían la mano y la tocaban (también poquísima reverencia), y con la vela jugaban a que eran espadas láser... en fin... tuvimos un amago pirómano al intentar quemar uno de los niños un papel que se les entregó con la oración de la Salve... Sí, son niños, lo sé. Y entiendo que yo fui educada en otro ambiente... que es muy difícil transportar al día de hoy, en el que los padres pasan olímpicamente de estas cosas, y tal vez sean ellos los que den ese ejemplo de irreverencia, con sus expresiones, gestos y palabras.
Este curso retomo el "grupo de salida", es decir, los padres cuya única preocupación es la fecha de la Primera comunión, para reservar el local, las fotos, las flores... y que apenas vendrán a las reuniones... porque esa es otra: se creen que la catequesis funciona como una máquina de café, de esas de 30 ctm. Creen que han echado las monedas y es en este curso cuando se les sirve el café (digo, el sacramento) a su gusto....
Como catequista, no debo dejarme tentar por la apatía que provocan estos grupos movidos por intereses nada espirituales y muy materiales.
Dentro de dos semanas, primera reunión con ellos, y bueno, a trabajar por el reino... que para eso he sido llamada. Hace días que repito con mucha frecuencia esta oración: Jesús, manso y humilde de Corazón, haz nuestro corazón semejante al Tuyo. Con esto quiero decir, que no debo dejarme llevar por otra cosa que no sea el amor de Dios, dejarme de prejuicios y juicios (temerarios o no), y servir al grupo que me han asignado, un año más con la esperanza de que puedan encontrarse con Jesús, conocerle, amarle y seguirle... unos objetivos realmente grandes para un grupo de reunión quincenal, un grupo que no es constante, y en el que muchos padres no son creyentes (?), pasan de la religión, están "en contra de la Iglesia"... vamos, como los apóstoles tras Pentecostés, a anunciar el reino entre los que como leones pretenden devorar la Fe verdadera.