De un tiempo para acá no me como mucho el tarro cuando las cosas pasan. Es más, le "devuelvo la pelota a Dios y la dejo en su tejado".
Mis planes para el sábado, 24 de octubre (ayer) eran participar en el coro de la Misa de Comienzo del Curso Diocesano (o algo así), a celebrar en la S.I. Catedral. Esta Misa era a las 8 de la tarde, según primer informe.
Me dio mucha pena que fuera a esa hora porque eso suponía no poder asistir ni a la Misa de niños ni al tercer día del Tríduo del Padre Claret, y además en su festividad, pero mi presencia en la Catedral era necesaria.
Llega el día fijado de ensayo (el 21) y la hora (las 7 pm) y no hay nadie... Me explican que el ensayo había sido una hora antes, y me dan la noticia de que la Misa es a las 11 de la mañana...
Mi pena, se vuelve disgusto porque, siendo así, tenía que hablar con mi compañera de trabajo (no creyente) para que me cambiara el turno. Quedamos en que por la mañana sabríamos si podría ser o no.
De vuelta al trabajo, oraba así en el taxi: "Señor, yo no sé si Tú quieres que yo vaya o no a esa Misa... de verdad que yo no sé cual es Tu Voluntad" Me sentía triste y abatida porque saber que el "coro" que me espera es muy dispar y le cuesta arrancar para cantar, y saber que todo dependía de otra persona, pues me dejaba bastante mal.
Mi compañera accedió al cambio... y de repente me encontré con tres Misas el sábado. (Padre, usted cree que mañana domingo estaré más cerca de ser santa????)
En la Misa de 11 de la mañana, el Obispo escogió como Evangelio el comienzo del Evangelio de San Juan: Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. (...) En ella estaba la Vida y la vida era la Luz para los hombres...
Releyó el Evangelio en la Homilía y nos habló que la Palabra es Vida: y que muchas veces nuestras palabras son de muerte. Nos recordó que la Palabra es Luz: y que nosotros podemos volver todo oscuro con nuestras palabras. Nos dijo que la Palabra se hizo Carne: y que nosotros no "hacemos carne" nuestra palabra.
Si Juan fue testigo de la Luz, también la Iglesia lo era: la Iglesia no es la Luz, es Testigo de la Luz. Y lo mismo nosotros, catequistas, somos testigos de la Luz, no somos la Luz.
Y yo, a medida que seguía desgranando el Evangelio, me di cuenta que una de mis canciones estaba incompleta... y que en honor a la Verdad, debía terminarla.
¡Qué gran regalo nos ha dado el Señor con este Obispo, D. Francisco Cases! ¡Qué clarito habla! Palabras llenas de Vida, llenas de Luz, palabras que se hacen carne... que se hacen corazón...
Con mi voz al 40% llego a mi parroquia, para la Misa de niños, algo así como una hora y media antes. Tras poner los cantos, y disponer de casi una hora y poco, me siento inspirada y hago dos cosas: termino la canción incompleta y compongo un "Agnus Dei" (Cordero de Dios) alegre, animadillo y pegadizo, que estrenaría después con los peques.
El Padre A. nos regala una Homilía lúdica, como siempre. Hoy toca tirar de la cuerda. Y pone a todos los niños a tirar de una cuerdecita con la intención de tirar al monaguillo (todos contra uno), pero, "hace trampa": la cuerda la ata a una de las columnas del Templo, por lo que los niños no pueden tirar al monaguillo. MORALEJA: lo que para nosotros es imposible (que un niñito aguante el tirón de la cuerda de cuarenta niños) es posible para Dios. Al monaguillo le bastó la Gracia (la cuerda anudada a la columna) para ser lo suficientemente fuerte para que no le derribaran los otros cuarenta.
Me entusiasma que este sacerdote hable a los pequeños de temas (la Gracia - que para Dios todo es posible) que otros sacerdotes ni se les pasaría por la mente hablarles. Y de paso, nos trae un rayito de Dios, porque este sacerdote, se nota que está hasta los huesos por el Maestro de Nazaret, y ese amor, lo traspasa....
Y hablando de traspasar, el viernes, el Padre M. en su Homilía del Tríduo -2º día- nos contó una historia preciosa de un niño que en el año 39, con 5 añitos, entró en un templo de manos de su padre. El templo arrasado y profanado, quemado y desvastado, conservaba una vidriera. El niño al verla le preguntó a su padre. ¿Quién es ese hombre de la "ventana"? Su padre le respondió: es un santo. Años después, este niño, ya hombre, dijo: UN SANTO ES UN HOMBRE POR EL QUE TRASPASA LA LUZ.
También nos habló que nosotros debemos CONSAGRAR en nuestro trabajo lo que hacemos: es decir, hacerlo sagrado, ya que si no lo hacemos, se pierde; de la misma forma que si los sacerdotes dejaran de consagrar el Pan y el Vino, nosotros no podríamos tener en la Eucaristía el Cuerpo y la Sangre del Señor para comulgar.
Reconozco, que en su Homilía nos predicó cosas realmente hermosas... pero las que más calaron en mi corazón fueron éstas.
Doy gracias a Dios por tantos regalos que nos hace a través de sus sacerdotes. Y le pido por todos ellos, porque también son humanos, para que fortalezca su fe y lleguen a ser santos. Que la Luz que les traspase nos llegue a nosotros, y que como faros vivos, nos dirijan al Señor.