Este curso la inscripción de los niños de primer año de Primera Comunión, ha sido desastrosa: un niño (que no pertenece a la parroquia, dicho sea de paso) y otros cuatro de la otra parroquia en la que se comparte el párroco, y que no cuenta con catequistas... Llegado el gran día, dentro de tres años, tendremos a un niño solo aquí y a cuatro allá. Las catequistas todavía confiamos en que suceda algún milagro y se inscriban más niños de aquí a fin de mes, antes de invitar al peque a hacer la catequesis en otra parroquia -por ejemplo la suya- o a subir hasta la otra, para hacer la Primera Comunión con los que serían sus cuatro compañeros.
Nosotras, nos hemos quedado bastante preocupadas porque aunque somos conscientes de la pobreza de fe de la zona que nos rodea, la principal preocupación de nuestro párroco sea la cáritas (que también consideramos importante).
Estuvimos analizando qué es lo que puede haber pasado. Y dando por sentado que muchos padres son no-practicantes y otros son despistados, y que los colegios ya no avisan de esas cosas (dichoso laicismo), sabemos que eso puede hacer que haya un retraso en la inscripción. Otros motivos son el pésimo estado de los salones parroquiales y del mismo templo, enfermos de aluminosis (y comidos por el mar, que está a diez metros) hacen peligrar la seguridad de los niños, catequistas, padres, y hasta de los mismos transeúntes que vienen a diario al comedor social parroquial que les alimenta, y les ofrece duchas y servicio de lavado de ropa...: estos dos últimos motivos, pueden ser más que suficientes para que los padres hayan desistido de acercar a sus hijos a un sitio donde lo que van a ver son peleas, gestos soeces, escuchar palabrotas (entre los transeúntes, claro)... y saber además que de alguna forma sus vidas corran cierto peligro con el estado de las instalaciones. Pero no es menos cierto, que la pobreza religiosa requiere una urgente movilización. Estamos necesitados de una nueva evangelización: y sentados en una roca (que puede no ser Cristo) y mirando al horizonte a verlas venir, y sabiendo que el lobo ronda por los alrededores, nos estamos jugando a todo el rebaño... ¡y se nos pedirán cuentas si algo le pasa!...
La siguiente cuestión que hablamos es la tristeza que nos causa que no haya una continuidad que entusiasme a los niños tras la Primera (y esperamos que "no última") Comunión a seguir en grupos. Una parroquia sin adolescentes ni jóvenes, sin grupos ni comunidades de adultos ni de mayores, no tiene esperanza de vida...
Aún así, sabemos y somos conscientes de que nuestra misión es sencillamente sembrar, ya que para eso hemos sido llamadas, el Señor nos quiere para eso, ya Él sabrá bien a quién llamará para segar... y con esta esperanza y con esta perspectiva, el próximo lunes comenzaremos nuestra labor. Recen por los catequistas, ciertamente lo necesitamos.