lunes, 26 de octubre de 2009

Comentario del Evangelio del 1 de noviembre 2009

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SCJ

Primera Lectura: Apocalipsis 7, 2-4.9-14
"Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua".

2 Vi otro ángel que subía desde oriente, con el sello del Dios vivo, y gritaba con voz potente a los cuatro ángeles encargados de hacer daño a la tierra y al mar:
3 - No hagan daño a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que no sellemos en la frente a los servidores de nuestro Dios.
4 Oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de Israel.

9 Después vi una multitud enorme, que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua: estaban delante del trono y del Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en la mano.
10 Gritaban con voz potente: La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.
11 Todos los ángeles se habían puesto en pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro vivientes. Se inclinaron con el rostro en tierra delante del trono y adoraron a Dios
12 diciendo: Amén. Alabanza y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor y fuerza y poder a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
13 Uno de los ancianos se dirigió a mí y me preguntó: ¿quiénes son y de dónde vienen? Contesté: Tú lo sabes, señor.
14 Me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.


Salmo Responsorial: 23
"Este es el grupo que viene a tu presencia"

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes;
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

Segunda lectura: 1 Juan 3, 1-3
"Veremos a Dios tal cual es"

1 Miren qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamamos hijos de Dios y realmente lo somos. Por eso el mundo no nos reconoce, porque no lo reconoce a él.
2 Queridos, ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a él y lo veremos como él es.
3 Todo el que tiene puesta en Jesucristo esta esperanza se purifica, así como él es puro.


Evangelio: Mateo 5, 1-12a
"Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo"

1 Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos.
2 Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo:
3 Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece.
4 Felices los afligidos, porque serán consolados.
5 Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia.
8 Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios.
10 Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece.
11 Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien [falsamente] por mi causa.
12 Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante.


Comentario al Evangelio

Cuando era niña y cursaba tercero de E.G.B. (Educación General Básica), con mis nueve añitos cumplidos, en clase de religión nos leyeron las Bienaventuranzas, luego nos dieron la cita para que la buscásemos y la leyéramos. Teníamos que escoger nuestra "bienaventuranza favorita"... En aquellos años, de terrible soledad para mí, sólo encontraba consuelo en mis escapadas a la Capilla del colegio a sentarme frente al pequeño crucifijo, que también yo sentía "solo"... Pero, no quise delatar ni mi tristeza, ni mi hambre y sed de "justicia", ni mi sentirme "perseguida"... porque de una forma que no sé dar razón, yo sabía que aquellos sentimientos, no se correspondían exactamente con los que Jesús quería expresar al darnos las bienaventuranzas.

Eso sí, en mí había (y hay) una gran sed de Dios, y "estar con Él" era lo que más necesitaba. No me quedó duda, mi bienaventuranza fue: "felices los limpios de corazón porque ellos verán a Dios". Y yo sabía perfectamente lo que significaba tener el corazón limpio. Algo de lo que yo carecía, porque lo tenía lleno de resentimiento, de envidia, de soberbia y de orgullo, cualidades que agrandaron aún mas mi soledad... Aún hoy tengo en mis campos cizañas que no he podido arrancar, y que siguen provocando más soledad.

Pasan los años y me presentan las Bienaventuranzas como "programa" para mi vida... y años más tarde, puedo afirmar que aún no he aprendido a asumir esta forma de vida, pero no la considero para nada utópica. Yo siento que es posible hacer vida las Bienaventuranzas, lo que me falta es determinación y valor, porque ahora entiendo que en mi pobreza, Jesús está entregándome su reino; que en mi tristeza, Él quiere consolarme; que en mis carencias, Él me invita a Su Casa, a Su Corazón; que en mi dolor por las injusticias, Él es el bálsamo que se me entrega para aliviar a los que las sufren; que si yo abrazo la misericordia y me dejo de orgullos y resentimientos, Él abrazará mi alma con Su Misericordia; que si trabajo por la paz, Dios me llamará "mi hijita amada"... y si mi vida la hago limpia a sus ojos, algún día yo le podría ver... ¿Cuándo me pondré las pilas? Creo que todo está en ponerse en sus Manos, en dejarse enseñar a caminar, como lo hace un peque con sus padres: con toda confianza, pasito a pasito.

Normalmente, cuando leo este pasaje del Evangelio, me acuerdo de la canción de Kairoi "Bienaventuranzas" y no es por no querer buscar otra, (que llevo para tres horas en ello), es porque me llena de esperanza escuchar que aquel que da su vida para los demás tendrá siempre al Señor... y Tú, Señor, Tú sabes lo que mi corazón siente.

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.