lunes, 26 de julio de 2010

Pedro Troya, in memoriam

Pedro es un amigo fabuloso. Lleno de vitalidad y de sentido del humor. Con las ideas muy claras y una fe muy viva.

Nos conocimos en una convivencia de Pastoral Familiar de nuestra amada Diócesis hace unos nueve años... yo, que soy muy mala para aprenderme los nombres de las personas, tal vez porque me empeño en re-bautizarlas con el nombre que me sugieren sus rostros, no me apredí su nombre hasta hace unos días, cuando me enseñaron el recordatorio de su funeral...

Sí, has leído muy bien el primer párrafo: Pedro ES.

La gente suele tenerme más "localizada" a mí, porque en las convivencias diocesanas a las que asisto, siempre dicen "¡A ver, Noelia! ¡Ven p'acá con la guitarra!" y ahí estoy, animando tanto una Misa como cantando algo en las veladas, como telonera del ilusionista o del que nos cuenta los chistes... además, si a la llamada le unes la canción de Nino Bravo, pues para que se olviden de mi nombre y de asociarlo a mi cara...

La última vez que vi a mi amigo Pedro fue hace un año, en la consulta del oncólogo. Él iba a "boxes" mientras luchaba contra la enfermedad, y yo a la preventiva, por la mía. Cuando me vió, se disgustó, no porque yo le viera enchufado al oxígeno, sino porque temía que yo también tuviera el cáncer en mi cuerpo. Lo calmé y le dije que por mi enfermedad rara (enf. de Castleman), me tenía que someter a controles semestrales. Sé, por la expresión de su cara que se fue disgustado.

La enfermedad de Pedro avanzó, como era de esperar, y previendo su final, preparó su funeral, los recordatorios (un marcalibros con una foto suya, en los mejores momentos) y pidió a todo aquel que le conocía que no le lloraran. Vivió con la esperanza de nuestra fe católica hasta el último momento, con la confianza puesta en Dios, que para nosotros es todo Amor...

¿Qué me ha quedado de Pedro? Principalmente, el testimonio de su fe, de su esperanza y de su lucha. El ejemplo de un matrimonio fiel y cariñoso... y su sonrisa, que encuentro siempre cuando entro en esa casa y veo el marcalibros que con tanto cariño nos diseñó.

Besos, amigo. Y oraciones (de mí para ti, y de ti para mí).