Yo, que ahora soy una especialista en caídas de todo tipo, empecé a reflexionar sobre cuánto de minusválidos podemos llegar a ser: no sólo de cuerpo - que una es cojita y cuando la rodilla se desconecta, la caída aparatosa (grito incluído) es segura- sino de espíritu.
La minusvalía física, en mi caso, me ha enseñado que, tras muchas de las caídas necesito ayuda para levantarme y aunque una ha desarrollado una técnica para levantarse sola, reconozco que siempre viene bien esa mano tendida y anónima... y esa ayuda es de agradecer siempre, aunque muchas veces resulta frustante no poder hacerlo por una misma.
De igual forma ocurre con la minusvalía espiritual. Las caídas, es decir los pecados, te dejan "tirado en tierra". Una de por sí, quiere levantarse sola, pero muchas veces no puedes, porque cada intento te hunde más, te daña más... a esto se le llama orgullo, y es un pecado capital de mucho cuidado, por lo dañino que es (y si no que me lo digan a mí, que soy especialista en el tema). Esa mano que se te ofrece, es la Mano de Jesús, y está en cada uno asirse a ella o no.
En todos nosotros está el cómo llevar nuestras minusvalías:
- Lo primero que tuve que aprender, tras el accidente de mi operación, fue a caminar y a valerme por mí misma. De igual forma, los minusválidos espirituales, tienen que aprender a caminar de forma distinta, para evitar recaer en sus minusvalías.
- Lo primero que aprendí en rehabilitación fue a ver serenamente la realidad que me rodeaba: siempre encontrarás casos peores al tuyo y en gente más joven... ¡menos quejas, menos lamentos y más esfuerzo! Los minusválidos espirituales, han de ver serenamente que sus faltas podrán ser mayores o menores que las de los demás, y humildemente esforzarse por poner cura a las suyas: cada uno se rehabilita de lo suyo.
- Yo que era muy autosuficiente, y una profesional de la servicialidad, tuve que aprender a aceptar ayuda (y ser agradecida): que se me trajera la comunión al banco cuando iba a Misa, un brazo amigo en el que apoyarme para caminar, ayuda en las escaleras, en las tareas de casa (eso siempre se agradece)... hasta que te recuperas lo suficiente para hacer por ti misma esas cosas. La ayuda que han de aceptar los minusválidos espirituales es la del sacerdote.
- y también aprender a pedir ayuda... porque aunque poco a poco empiezas a encontrar truquitos para valerte por ti misma, hay cosas a las que no llegamos y si no se pide ayuda, los que te conocen se confían... y ser agradecida, siempre. Los minusválidos espirituales, también tienen que aprender a pedir ayuda a los sacerdotes y a Dios a través de la oración.
Las minusvalías físicas son muy difíciles de curar, pero no sucede así con las espirituales. Un brazo nuevo, una pierna nueva, una médula ósea, un órgano vital, un nervio... que funcionen al 100% es difícil de conseguir. Pero, nuestras almas siempre pueden encontrar cura de manos de Jesús... del Jesús que se esconde dentro del sacerdote que está en el confesionario. Él curará nuestras cegueras, nuestras sorderas, nuestras parálisis o cojeras, nos dará la Medicina para que nuestros corazones sean de carne y no de piedra. Sentiremos en el perdón, esa Mano que viene de lo alto, ese abrazo Paterno emocionado por el regreso a Casa...