lunes, 12 de julio de 2010

Leyendo ALBA

Eso de vivir en Canarias, hace que el "periódico" que recibo por correo (ALBA del tercer milenio, o "ALBA") me llegue a veces con retraso, claro que también depende del repartidor de turno de Correos.
En el de esta semana (del 9 al 15 de julio) hay un artículo en su página 25, que habla sobre el Sacramento de la reconciliación y sobre el poco uso que le damos los católicos. También trata sobre la muy escasa preparación de los sacerdotes o la muy escasa disponibilidad para administrarlo. De esto puedo yo hablar bastante, porque no he encontrado aún al "sacerdote de cabecera" por el que no paro de rezar a ver si algún día el Señor me concede la gracia de tenerlo.
Me he encontrado con sacerdotes que se sienten muy bien confesando a niños y adolescentes, pero cuando una "persona mayor" se acerca, como que se erizan.
Me he encontrado con sacerdotes que ante la lista de pecados, los vanalizan y te dicen "¿tanta prisa? Si no era para tanto" (claro que también son de los que se quejan porque apenas va gente a confesarse, ¿y cómo van a ir si les dicen que sus pecados no lo son?).
También conozco a una buena lista de sacerdotes que no te ponen "penitencia" y te vas del confesionario como si te faltara algo...
Y bueno, en todos estos 30 años de confesiones, sólo uno me ha hablado clarito clarito y me he sentido como si fuera Jesús mismo el que me confesara, y el que me hablara... Lástima que no sé quién es, sólo sé que es franciscano porque me lo dijo una amiga... además, franciscano sin hábito, que para reconocerlo otra vez me costará...

Claro, que este tema hoy me ha tocado especialmente, tal vez porque estoy leyendo el diario de Santa Faustina Kowalska y ella también las pasó mal buscando a un confesor que la ayudara verdaderamente y bastante que tuvo que rogar por él.
También ella comenta que debemos orar por el sacerdote que nos va a confesar, para que Dios le envíe el Espíritu Santo, y pueda entender el estado de nuestra alma. Tal vez sea eso lo que yo aún no he hecho, así que ahora lo empezaré a aplicar.

Si por aquí pasase algún sacerdote, le ruego encarecidamente, que le haga caso al Papa, porque media hora antes de la Misa no es tiempo suficiente para salvar almas, ni siquiera para animarlas. Hay gente que llega tarde a Misa (no es mi caso) ¿Por qué negarles esa oportunidad?