Ayer asistí al funeral de una señora que conocía desde hace unos cuantos años, en la parroquia en la que doy catequesis a los padres de los niños que hacen la Comunión.
Al acabar el funeral, me quedé un rato acompañando al Señor en la Capilla del Santísimo... porque me sentía especialmente feliz tras haber recibido la Comunión, y quería compartir y agradecer esa felicidad Al que me la había proporcionado.
Dos señoras de la parroquia se acercaron al banco de delante hablando animadamente y quise llamarles la atención, pero a la vez, me sentí impulsada a callarme... Se sentaron delante y comenzaron a rezar el "Alma de Cristo..." (me percaté entonces que una de ellas era sorda...) y cuando terminaron, lo canté muy bajito (no sé si conoces la versión de la Hermana Glenda...) para Él. Luego, no sé por que, me vino una idea a la cabeza: "A ver si consigo el recordatorio de X", y a la vez, pensé: "¿Cómo quieres que sea el tuyo?" (sí, a veces hablo sola) "Me gustaría que tuviera el cuadro de la Divina Misericordia..."
Entonces, Lala, se me acercó y me dijo "Toma, Noelia, por si no lo tienes" y puso una estampita en mis manos. Pensé "¡Qué bien! El recordatorio de X" y al mirarlo, no era un recordatorio, sino la estampa de la Divina Misericordia, con el rezo de la Coronilla (que practico desde hace unos cuatro años, más o menos, a las 3 de la tarde, y que también rezo ante la cristalera que me separa de los difuntos en el tanatorio...).
Me emocioné hasta las lágrimas... no creo en las casualidades (además, estoy leyendo el Diario de Santa Faustina Kowalska...), así que lo consideré un guiño de mi Amor. Lala lo notó y me dijo: "¿Sabes que vamos a tener el cuadro en la Iglesia? Viene de Polonia... Lo esperamos muy pronto y lo tendremos aquí, (y me indicó el sitio)" (por cierto, junto a la capilla del Santísimo).
Corrí (bueno, es un eufemismo, los cojitos no corremos, andamos deprisa) hasta la Sacristía, donde le pedí al párroco que me bendijera la estampa de la que no me separo...
¡Qué gran alegría! Ahora, mi mayor ilusión es estar presente el día en que el cuadro sea expuesto. Ya tengo otro incentivo para seguir acercándome a la parroquia: Mi Amor viene a visitarnos, y se queda entre nosotros. (Estoy tan ilusionada, como cuando era novia de mi marido y sabía que venía a visitarme...).
¡Que dure este sentimiento, Jesús! ¡Que dure y que no termine nunca!