Un año más, ya está aquí la Pascua. Recordamos con gozo que Jesús ha resucitado, pero aún nos queda en la boca el amargor de su Pasión y Muerte. Este año, ha venido acompañada de la muerte de la madre de un buen amigo y catequista, y no sé si es por el Tiempo Litúrgico, estos acontecimientos se viven desde otro ángulo muchísimo más esperanzador... no sé si también me ha influído el libro de María Vallejo Nájera "Entre el cielo y la tierra", que mientras hacíamos una oración por el alma de esta señora, yo "quería sentir" que su alma estaba entre nosotros, recogiendo nuestras oraciones intercesoras... yo "quería sentir" que en aquel momento sereno se producía la Comunión de los Santos... y en cierta forma lo sentí...
Nuestra fe no nos obliga a estar serenos cuando nuestra alma está triste, hasta Jesús mismo lloró al conocer que su amigo Lázaro había muerto. Lo que nos pide nuestra fe, es que seamos capaces de reponernos y confiar en la Misericordia de Dios.
Y hablando de Misericordia, este domingo, segundo de Pascua, celebraremos un año más la Fiesta de la Divina Misericordia, con indulgencia plenaria a perpetuidad desde el año 2002. La fiesta la intituyó Su Santidad Juan Pablo II, el 5 de mayo de 2000 y el decreto a perpetuidad fue dado el 29 de junio de 2002. Les dejo un par de documentos para que se informen.
Decreto indulgencias Fiesta de la Divina Misericordia
Ideas rápidas sobre las indulgencias