Esta madrugada falleció mi tío Paco. Sí, ya sé que era una muerte anunciada, desde que le detectaron aquel tumor en la garganta, con un nombre tan conocido entre los fumadores empedernidos... los que eligen, no sé por qué, no tener calidad de vida en sus últimos días.
Mi tío Paco, que me explicó tan bien la termodinámica en séptimo de EGB, que fui un hacha resolviendo los problemas.
Mi tío Paco, el único que nos daba una propinilla cuando venía a casa a vernos, cuando éramos niños.
Mi tío Paco, con el que hablábamos de Dios, al que respetaba aunque se declaraba no creyente.
Su increencia fue algo extraño para mí. Motivada por un follón en una cofradía de Tenerife, y por la que terminó alejado de Dios, de la Iglesia, de los Curas... Sigo sin enteder qué fue lo que le pasó.
Por su forma de vivir, sus valores (no todos), podría decirse que era un buen cristiano...
Ahora, como buen sevillano, podrían decir que él estará gozando su particular Feria de Abril en el Cielo... yo no me atrevo a decir tanto. Rezo porque Dios, que también es Misericordia, mire más sus buenas obras que la fe que un día dejó de confesar.
Descansa en paz, tío Paco.