Hace varios días que no escribo, y no es por dejadez. La Cuarema se ha ido y ya es Semana Santa y con ella el estrés tan deseado de servir a mi Comunidad Parroquial, por 25º año consecutivo.
Este año canto menos voces solistas. Por un lado porque he entendido que hay más gente en el coro que necesita esa oportunidad para salir a la luz, y por otro, porque este año estoy muy tocada de la garganta. Si todo sale bien, seguiré esta tónica. Este año cantaré el Jueves Santo el Pange Lingua (versión de Mocedades) y el Viernes Santo "¡Oh Dulce Fuente de Amor!" (una versión mía del Stabat Mater).
También este año tenemos una novedad, y es que los Neocatecumenales dan el paso del final del camino (o como se llame) y no estarán con nosotros el Sábado en la Vigilia.
Un gran motivo de distracción para no escribir es la lectura. Actualmente me peleo con tres libros: La biografía de Santa Faustina Kowalska (preciosa, interentísima, clarificadora...) y dos libros de mi amigo casi santo (creo que ya le han aprobado el milagro para canonizarle) el Beato D. Manuel González García, Obispo de los Sagrarios abandonados: "Mi comunión de María" y "Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario", que he recibido hace nada de la editorial "El Granito de Arena" (fundada por nuestro Beato casi Santo). El que ya tengo empezado es "Mi comunión de María" y ¡cómo no!, yo leo y es como si escuchara a mi amigo hablarme mientras me tomo un café con él. "Qué hace..." me mira desde la mesita de noche y me da prisas para que empiece también con él...
Esta noche he acudido con parte de mi Comunidad a la procesión de "los andaluces" con dos tronos: uno de un Cristo cautivo y otro de la Virgen (ambos de nombres tan largos que me da pereza escribirlos), llevados como lo hacen los andaluces (aquí en mi ciudad, se llevan con rueditas, nada de cargar al hombro...) tal vez, por eso sea muy concurrida. También es muy emocionante. Este año he orado intensamente al paso de mi Madre del Cielo... y antes he hablado con mi Señor, en el momento en que nuestras miradas se cruzaron.
Mucho y poco que pedir. Mucho, muchísimo que agradecer. Poco, poquísimo que ofrecerles...
Mañana lunes (hoy) el estrés de buscar una falda negra y la ropa de mi hija para la procesión del Viernes Santo por la mañana, con las mantillas canarias... pero eso será otro día: el mismo en que comienza la Novena a la Divina Misericordia.