De esto trataba el "tema" que me tocó impartir al grupo. Si leen el título de este post, ya saben de qué va.
Como no quiero cogerme las manos, me limité a citar durante toda la reunión los artículos del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. Así que la parte formativa fue bastante intensa, y para mi mayor alegría, suscitó el máximo interés desde el principio, de tal forma, que la reunión se extendió unos 40 minutos más (y no duró 2 horas, porque los niños estaban ya deseando que sus madres dejaran de preguntar, para irse a sus casas).
Hablar del pecado en este mundo, es tarea un tanto ardua, pero he descubierto con agrado la necesidad y el hambre de saber lo que es el pecado y cómo luchar contra él. Siguen existiendo los prejuicios de confesarse con el sacerdote, aunque ya han aprendido que es a través del sacerdote como se pueden dejar reconciliar con Dios.
Nadie me lo comentó así de claro, pero he intuido un cierto temor o vergüenza a confesarse con un sacerdote por si después le pone malas caras... En esto intuyo que hay gente que prefiere aparentar que se es más "santo" y dejarse los pecados graves para otra ocasión en la que no haya un cura conocido... También fui testigo del "yo me confieso con Dios"... (BUFFF)
Terminamos la reunión entre bromas y veras, reconociendo que todas somos pecadoras (y fistros) , se verificó un año más que todas saben a qué signo zodiacal pertenecen y que ninguna sabe qué día se convirtió en hija de Dios por el Bautismo...
La próxima semana, los niños tendrán sesión doble: catequesis el lunes y Primera Confesión el martes. Y los problemas no han hecho más que empezar: que si tengo clases particulares, que si tengo ballet, que si tengo judo, que si voy al fotógrafo, que si... (Que Dios nos coja confesados)
P.D.:
El párroco ya está avisado por si le viene una avalancha de madres pidiendo confesión.