domingo, 8 de noviembre de 2009

Visita a Luis

Fui el sábado por la tarde, antes de ir a Misa de 8.

En el pasillo me encontré con sus padres, que ya se recogían para casa, y se alegraron mucho de verme, porque así Luis estaría acompañado un ratito más. Al llegar a la habitación, me sorprendió verle con el estómago más grande que mi barriga antes de dar a luz (que ya era grande, por las esquinas aparecía mi barriga y poco después lo que quedaba de mí... jajajaja). Estuvimos hablando un rato de un montón de cosas, de su enfermedad, de la retención de líquidos que lo mantendrá unos días más en el hospital...

También hablamos de fe, y me dijo que él se había ido alejando poco a poco, y que fue como si nadie se diera cuenta... y que nadie le paró.

Lamentablemente, pensé, no somos una secta: La Iglesia Católica no tiene puertas, y no te va a atar para que no la dejes. Nos da pena que se vaya la gente, por temas serios o por chiquilladas y aunque lo que más queremos es que vuelvan "a Casa", esa decisión es personal y debe ser madura.

Él dejó el coro poco a poco... casi sin darnos cuenta, un día nos preguntamos ¿y ya no viene Luis?

Como le dije, él decidió asirse no a la Mano de Dios, sino a la del Enemigo, que lo llevó de nuevo al infierno del alcohol. Y el alcohol aisla, aleja a los que un día estuvieron a tu lado... Sólo Dios es el que tirará de él "p'arriba", y el Diablo, el que lo hundirá en el Infierno (real y moral) del alcohol.
"Ya eres mayorcito para saber a qué mano te coges, yo te recomiendo que escojas la de Dios".

En estos días que ha estado en el hospital no ha probado el alcohol... me encanta hablar con él cuando está sereno, porque cuando está bebido no es él. Tal vez sea por eso por lo que dejé de preocuparme por él: porque había escogido su camino de autodestrucción por más que le habíamos hablado y aconsejado que ese camino jamás le solucionaría sus problemas.

Antes de marcharme, le dejé en buena compañía: la Divina Misericordia y María Auxiliadora y con la noticia de que mucha gente está orando por él, para que se recupere del todo. Confío en que acepte su Compañía y se deje reconciliar con Dios.