Todas las órdenes religiosas tienen por costumbre cambiar de destinos a sus integrantes cada 3 ó 6 años, con toda la "carga emocional" que eso implica, no sólo para los religiosos y religiosas, sino también para las personas que han trabajado con ellos durante ese tiempo.
Este año, cuatro sacerdotes de mi parroquia y la directora del colegio de mi hija cambian de destino.
La parte emocional de mí está bastante tocada en la línea de flotación y sinceramente, prefiero no pensar en ello, porque las lágrimas me salen solas.
La parte racional de mí, me recuerda constantemente un versículo del Evangelio de San Juan en que el habla de San Juan Bautista: "Él era testigo de la Luz, pero NO era la Luz". Con esto quiero decir que tal vez esa "mudanza" de religiosos es para que no confundamos al "testigo de la Luz" con Jesús (la Luz del mundo). De igual forma, a los que alguna vez les he dado catequesis, al terminar la etapa que realizaban conmigo y debían pasar con otro catequista, algunos se disgustaban, y yo les decía: mi misión es mostrarte a Jesús, al que debes seguir, y no a mí. (Ahora me toca aplicarme el cuento).
Pero... ¡qué le vamos a hacer! A los religiosos se les "educa" para que no establezcan vínculos afectivos que les impidan ejercer su misión... y a nosotros, que "los vemos dir por esos mares adentro", se nos queda el corazón huérfano y el alma medio rota. Obligando a nuestro cerebro a "resetear" lo más pronto posible ese querer que ha nacido y crecido con el trato, para evitar sufrir sin sentido ese sentimiento de pérdida que a más de uno se nos queda en el cuerpo...
Considero que si se nos "queda el cuerpo" así, será porque han sabido cumplir su misión de una forma tal que en ellos hemos podido "ver a Jesús", y como los discípulos del Tabor, querríamos decirles "hagamos tres tiendas", retenerlos con nosotros... la generosidad de nuestros religiosos es tal que quieren que otras personas también lo puedan encontrar y conocer. Como los primeros apóstoles, que llevaban el Evangelio a todo el mundo conocido, nuestros religiosos se sienten impulsados por Cristo a llevarLe a todos los hombres (y mujeres), acompañan a sus comunidades solo por un tiempo (3 - 6 años) y luego se van. Algunos mantienen el contacto epistolar (o vía e-mail), y otros, los más, simplemente desaparecen...
Decía el Santo Padre Claret, que "los canarios le habíamos robado el corazón" y por eso el momento de partir se hace especialmente duro (nosotros echaremos de menos a uno, dos, tres... sacerdotes... ellos a muchísimas más personas)... lo que él seguramente nunca supo es que aquí dejó una huella tan profunda en el corazón de miles de canarios que aún se le recuerda y se le quiere... Ahora, también puedo decir que estos sacerdotes y esta religiosa, dejan en nuestros corazones una sensación de orfandad y una huella imborrable.
En Septiembre, volveremos a acoger a nuevos religiosos, y a aprender a quererles, aún con el recuerdo de los que ya se fueron. Nos iremos acostumbrando a su presencia, a su carácter, a su hacer... hasta que la historia se repita otra vez.